EROL DE MIRAVAL

 

(22/04/2003- 23/04/2003)

 

Mi querido Erol, tu madre no quiso que estuviera contigo cuando te trajo al mundo. Eran las 6:24 de la madrugada del martes 22 de abril de este año. Mientras trabajaba en el ordenador, esperando vuestro nacimiento, ella se escondió en un trasportín lleno de juguetes (pelotitas de goma, ratoncillos de plástico, un balancín con forma de coco...) y de pronto me sorprendió tu llanto, tu llamada, tu voz que nunca olvidaré... Corriendo, os llevé con sumo cuidado al baño, donde tenía preparada la cajita paridera con pañales limpios, toallas, tijeras, alcohol... Pero Oriana, tu madre, ya había cortado el cordón que te unía a ella y te reanimaba con desesperado amor, muy nerviosa: porque eras su primer niño, ¡y tan hermoso con tu cabellera roja silver y tu collar blanco! Eras como una gota de sangre en la nieve, rojo y blanco: rojo de tu corazón latiendo con avidez de vida, blanca escarcha sobre tu piel fría.

Te froté durante mucho tiempo con una toalla seca y caliente, incluso te acercaba a mis labios para darte mi aliento y mi calor... y tú cada vez más resplandeciente en tu rojo plateado, parecías lanzar destellos mágicos en la penumbra, agitándote, gritando, ávido de leche y de caricias... Y te dejé en brazos de tu madre, acurrucado junto a su pecho caliente, y tú buscaste sus pezones de púrpura y te aferraste a ellos, bebiendo el dulce néctar blanco con tu lengüecilla roja. Qué hermoso eras, Erol. Sólo te esperaba a ti y a una hermanita a quien pensaba llamar Daraja, porque tú habías de ser Ozmín, y así te nombraban mis labios al exhalar mi aliento sobre tu piel fría: "Ozmín, Ozmín..." tenías el tacto de una roja amapola, y en tus venas el blanco veneno letal de la muerte. Y después nacieron tus hermanos, Kahn y Duman...

 

Estabas bien, ya te sentía caliente, seguías mamando con esa insistente locura de los bebés-gato, y durante la primera y única noche que estuvimos juntos no dejaste de gritar, peleando por la ubre más deleitosa con tus hermanos, el gigante Khanh y el frágil Duman. Pasó la primera mañana, tu segundo amanecer; llegó el mediodía con sus luces brillantes; avanzó la tarde con su tonalidad naranja... acababa de ir a verte, siempre te prefería a tus hermanos, el rojo de tu pelo me atraía con inexplicable fuerza, siempre tenía que rozarte a ti primero, siempre tenía que acariciar tu frente con especial cuidado, hablándote, comprobando que estabas caliente y que te movías como un pequeño duendecillo ciego... pero esta vez, al ir a cogerte, se me paralizó el corazón. Me hundí en una luz blanca y después todo se confundió en una sombra roja de dolor. Sobre el blanco pañal, un cuerpecillo rojo de trapo, amapola de opio cortada. Y ahora estabas caliente, y yo me empeñaba en seguir frotando tu piel, quizá buscando el frío que te trajo a la vida... loca en mi dolor inexplicable. Preguntas, mil preguntas rojas sobre mi frente pálida: por qué, cómo, cuándo... mientras Oriana, silenciosa, me miraba hacer con su sabiduría de madre-gata, atenta ya únicamente a Kahnh y Duman, quienes, ajenos a nuestra desdicha, se aferraban a la vida vorazmente.

 

Sé que tú sabes cuánto te he querido, y es mi desdicha y mi maldición perder a quienes más amo. Me siento culpable sin saber de qué. A veces me pregunto si te amaba tanto porque presentía tu fragilidad, o si la fuerza de mi pasión por ti te arrebató de mi lado. Yo sólo te miraba, te hablaba, te daba mi calor. Y no fue suficiente. La primavera siempre trae dolor: Altiva, y ahora tú, mi Erol... jazmín y amapola sobre mi corazón.

Te quiero, Erol...

Catherine

28 abril 2003

Foto: Renate Leijen

Zihuatanejo´s NFO cats