CRIPTORQUIDEA FELINA 

Dra. Susan Little

 Introducción 

         La criptorquidea aparece cuando uno o los dos testículos no descienden al escroto, donde deberían estar emplazados correctamente hacia los siete ú ocho meses de edad del gato. Aunque la criptorquidea unilateral es lo más común, también puede aparecer bilateral (afectando a ambos testículos). Probablemente, se debe a un factor genético recesivo y poligénico, y los machos criptorquídeos no deben ser utilizados para la reproducción. Los machos con criptoquidea unilateral pueden ser fértiles, y deberían ser castrados.

         La monorquídea es la ausencia de uno de los dos testículos; no es, por tanto, un problema de ubicación, sino de carencia del testículo.

         Normalmente, los testículos aparecen en el escroto en el momento del nacimiento o poco después, aunque pueden ser muy pequeños y difíciles de detectar. Hacia la edad de seis-ocho meses, pueden ser perfectamente palpados. Sin embargo, los testículos no se sitúan en el escroto de forma definitiva hasta los 4-6 meses de edad. Hasta ese momento, una contracción de los músculos pueden hacer que los testículos inmaduros se retraigan hacia la ingle. 

¿Es hereditaria?

         Sí, y aunque la enfermedad la manifiestan los machos, también las hembras pueden ser portadoras. Por ello, tanto la madre como el padre del gato afectado han de ser considerados como potenciales portadores de criptoquidea. Para reducir el número de gatos con criptoquidea en un programa de cría, deberían ser castrados tanto los ejemplares afectados como sus progenitores. Y si se detecta el mismo problema en otros gatos de la misma línea familiar, también estos deberían ser apartados del programa de cría y castrados. 

¿Es muy frecuente?

         En los perros, la incidencia de la criptorquidea se ha estimado en un 1’ 2 %. Por su parte, un estudio realizado en el Animal Medical Center de Nueva York demostró que el porcentaje de criptorquidismo en los gatos analizados en dicha institución era del 3’ 8 %. Dentro de los ejemplares de pura raza, los Persas presentaban una mayor incidencia (20% de los casos), seguidos de los Himalayos (6 %) y Siameses (4%). Los gatos doméstico de pelo corto sin pedigrí, sorprendentemente, mostraban una incidencia altísima, del 50%; mientras que los “gatos de casa” de pelo largo sólo un 6%.

         La mayoría de los casos de criptoquidea eran unilaterales (90%), viéndose afectados por igual tanto el testículo izquierdo como el derecho.

         La localización del testículo fuera del escroto era la siguiente: en un 49% de los casos, en la ingle; en un 33 % de los casos, en el abdomen; y en un 14 % de los casos, en el anillo inguinal. Dos de los gatos sometidos a examen (un 2%, un Burmés y un Abisinio), eran monórquidos (sólo existía un testículo). Los canales espermáticos y los vasos estaban presentes, pero terminaban en un conducto ciego sin testículo.

         Otro estudio, realizado en la Universidad de Michigan, observó la incidencia de criptorquidismo en gatos durante los diez años comprendidos entre 1980-1989. Este estudio encontró una incidencia de la enfermedad de un 1’ 7 %. Dos gatos eran monórquidos (0, 1%). Los Persas, una vez más, destacaban con una incidencia de casos en torno al 29 %. La mayoría de las criptoquideas eran unilaterales (78%) y las bilaterales tenían los testículos retenidos en el abdomen. Los tejidos abdominales adyacentes a estos testículos fueron examinados y no se encontró resto de esperma. Sin embargo, los gatos con los testículos localizados fuera del abdomen (en la ingle, por ejemplo) podían ser fértiles.        

¿Hay algún tratamiento?

         Evidentemente, no; es imposible evitar la incorrecta implantación de un testículo fuera del escroto, si existen factores genéticos que predisponen al gato a sufrir esta enfermedad. Se ha intentado, suministrando gonadotropinas, pero sin éxito. La extirpación quirúrgica del testículo fuera de lugar y la castración siempre son recomendadas en otras especies como la mejor solución, para evitar el riesgo de cáncer o torsión que podría provocar la incorrecta colocación del testículo. Pero en los gatos no se ha documentado torsión del canal espermático y los tumores de testículo son muy raros en la especie felina.

         Sin embargo, la probabilidad de que la criptoquidea felina sea hereditaria es razón suficiente para recomendar la castración y la extirpación quirúrgica del testículo mal situado, sobre todo en los gatos de pura raza. Con su único testículo en el escroto, un gato macho puede ser fértil y mostrar comportamientos no deseados, como el marcaje. Por ello, es importante que ambos testículos sean extirpados cuando el gato va a ser una mascota o gato de compañía (no reproductor). 

Ilustraciones gráficas

 

Macho joven con criptoquidea bilateral, con ausencia de testículos en el escroto pero espinas en su pene; las espinas demuestran la existencia de testosterona en su organismo.

  

 

El pene de un macho castrado no tiene espinas, éstas desaparecen unas seis semanas después de la castración.

 

 

Extirpación quirúrgica de dos testículos retenidos en el abdomen, próximos a los riñones, donde se desarrollan durante el crecimiento fetal.

 

Bibliografía

1) Johnson CA. Male reproduction and disorders of the male reproductive tract. In Sherding RG (editor). The Cat: Diseases and Clinical Management, second edition. W.B. Saunders Co., Philadelphia, 1994, pp. 1847-1853

2) Millis DL, Hauptman JG, Johnson CA. Cryptorchidism and monorchism in cats: 25 cases (1980-1989). J Amer Vet Med Assoc 200(8): 1128-1130, 1992

3) Richardson EF, Mullen H. Cryptorchidism in cats. Comp Contin Edu Pract Vet 15(10):1342-1345, 1993

4) Schille VM, Sojka NJ. Feline reproduction. In Ettinger SJ and Feldman EC (ed). Textbook of Veterinary Internal Medicine, 4th edition. W.B. Saunders, Philadelphia, 1995, pp. 1690-1698

 

http://www.catvet.homestead.com/Cryptorchid1.html

Trad. Catherine Soriano, 2001