19 Agosto 1997-  23 Agosto 2007

 

Recuerdo aquella tarde en la que fuimos de compras a La Vaguada, mi hija Vanora necesitaba comprarse ropa para el nuevo curso escolar, y así, de tienda en tienda, llegamos por casualidad hasta una petshop en la que entramos, atraídos por la multitud de animales que había dentro. Vanora quería un perro, ya se sabe que todos los niños de 7 años siempre quieren un perrito... pero nos quedamos extasiados contemplando un precioso, diminuto, travieso y simpático gatito de abundante pelaje blanco. Por entonces yo soñaba ya con una gatita blanca Angora Turco de ojos azules, y de inmediato pregunté de qué raza era aquella criatura felina tan extraordinaria. Me contestaron que era un macho blanco de Angora. "Bien -me dije- no es una hembra, pero es un Angora". Tardamos en decidirnos, volvimos varias veces a la tienda, siempre pendientes del gatito blanco... Y al final nos atrevimos, casi heroicamente, y nos lo sacaron de la gran urna de cristal donde jugaba con su hermanita (una bolita de pelo de color azul). Nos dieron un pequeño cursillo de cuidados felinos, compramos su bandeja, arena, pienso y algunas latas... y lo encerraron en una cajita de cartón con algunos pequeños orificios en la tapa. Aquella cosita no dejaba de maullar y moverse, y durante todo el viaje a casa, en el coche, nos obsequió con un sorprendente y variado repertorio de grititos, maullidos y chillidos felinos. Nosotros nos mirábamos, en silencio, y nos repetíamos mentalmente: "Tenemos un gato... tenemos un gato...", incapaces de dar crédito a nuestra hazaña.

    


Anthony, 2 meses y medio


Vanora y Anthony, octubre 1997

   

 Anthony demostró desde el primer momento que era un gatito dulce y muy afectuoso. Ronroneaba constantemente y deseaba el contacto humano. Pero estaba enfermo: tenía parásitos externos (pulgas y ácaros en los oídos) e internos, una coccidiosis que le provocaba fuertes diarreas. Estuvimos tratándole durante varios meses, angustiados y temiendo que en cualquier momento se produjera un fatal desenlace... pero Anthony era fuerte, y crecía y crecía a pesar de las diarreas, los vómitos, las pastillas, los jarabes y las inyecciones. Era un pequeño peluche blanco de ojos dorados, siempre dispuesto a jugar y a investigar cada rincón de la casa.

 


El jefe de la Superlínea...


El primer baño



Con su Osito de Mimosín, con el que aún juega

 

Desde los primeros días, Anthony demostró un carácter excepcionalmente sociable y tranquilo. A medida que él crecía, yo avanzaba en mis investigaciones sobre la raza que tanto ansiaba tener, el Angora Turco. Y en mi loca ilusión, estaba convencida de que Anthony d´Aliscats era un auténtico Angora Turco... ¡sólo que un poco más grande de lo normal!

     


Anthony, investigando en el despacho

 

 En las Navidades de 1997, entré en contacto por primera vez con Teresa Cano y el Club Felino de Madrid (por entonces aún adscrito a FIFe) y empezamos a sacar de exposición a Anthony: su debut fue en La Coruña, en la primavera de 1998, donde terminó mi sueño y tuve que convencerme de que mi mofletudo no era un Angora Turco, pero descubrí el mundillo de las exposiciones y se despertó en mí un nuevo entusiasmo. En Mayo de 1998, Anthony d´Aliscats consiguió ser el Mejor Gato de Casa de la exposición y obtuvo su Best in Show.

 

 

En el verano del 98, decidimos ir en busca de los oscuros orígenes de nuestro príncipe d´Aliscats: nos fuimos con él de vacaciones a La Coruña y atravesamos una tarde un inmenso bosque, tras un largo viaje por carretera, y al final llegamos a su criadero. Nuestra esperanza de conocer a sus padres se vio truncada: su criadora nos contó que Duquesa, la madre, una gatita blanca como él, había muerto a consecuencia de un mal parto unos meses antes; y su padre, O´Malley, un gatazo rojo que recorría las cercanas y misteriosas fragas y que acudía, rugiendo desde los montes, al reclamo de su comida, también había fallecido "en acto de servicio", montando hembras sin descanso... Al parecer, nuestro Anthony había heredado los ojazos de un intenso color cobre de su padre, y también la corpulencia. Pero no parecía contento de aquel viaje nuestro muchachote, por el contrario, no dejó de maullar, intranquilo, hasta que volvimos al coche de regreso al hotel.

    

 

Anthony siempre ha vivido en esta casa, y ha aceptado siempre con gran alegría y cordialidad a los distintos invitados que han venido de visita o a quedarse definitivamente: Aïxa, Kat, Fadrique, Guille... y ahora todos mis gatos Angora Turco.

   


Aïxa y Anthony verano 99


Anthony y Fadrique, verano 2000


Anthony jugando con Can Can, septiembre 2003


Anthony y la pequeña Alessia, octubre 2003

 

Por ahora, sólo ha mostrado cierta animadversión hacia Istek, y los dos mantienen largas conversaciones en las que se insultan y gritan, para terminar a la gresca si antes no intervengo: menos mal que basta con que me acerque a Istek llamándole con voz mimosa, él se deja coger en brazos y puedo separarles durante un tiempo hasta que se apaciguan. Anthony está castrado desde agosto 2003. Intentamos varias veces que se apareara con otras hembras, primero Luna "Sanders" y después Gelsomina, pero en ambos casos sin éxito. Siempre me quedará el deseo frustrado de haber tenido una camada de gatitos tan maravillosos como él, porque ahora es el último de su estirpe de "Felis Angora Gaelicus" ...

    


Su primera novia, Luna "Sanders"


Gelsomina

 

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